jueves, 12 de febrero de 2026

LOS PÁJAROS, ÓPERA DE WALTER BRAUNFELS

 



Estreno: Sábado 21 de marzo de 2026, 19:30 h 

Otras representaciones: Viernes 27 de marzo, 19:30 h / Domingo 29 de marzo, 16:00 h / Sábado 11 de abril, 19:30 h / Jueves 16 de abril, 19:30 h /
Domingo 7 de junio, 18:00 h / Viernes 26 de junio, 19:30 h, último concierto 

 Teatro Estatal de Wiesbaden

Audición con partitura



 

Dirección musical: 

Pablo Taubitz

Dirección, escenografía, vestuario:

 

Compañero adivinador:

 

Voz de Zeus y Águila:

 

Prometeo:

 

Abubilla

 

Ruiseñor:

 

Zapatillas de valla:

 

1. Acelerador:

 
Luisa Sagliano

2. Acelerador:

 
Eunshil Jung

Flamenco:

 




Es una ópera en un prólogo y dos actos, con música y libreto de Walter Braunfels. Se trata de una adaptación libre de la comedia aristofánica homónima (Las aves) del año 414 a.C.. Fue escrita entre 1913 y 1920. La historia sigue a dos humanos que, cansados de la corrupción y el ruido de la ciudad, buscan el reino de las aves para convencerlas de construir una ciudad en el cielo ("Celestia"). Se estrenó en el Teatro nacional de Munich el 30 de noviembre en 1920. Al estreno le siguieron más de 50 representaciones tan sólo en Múnich en los siguientes dos años, y le siguieron más representaciones en Berlín, Viena y Colonia.

Los magnates Ratefreund y Hoffegut ven un gran potencial de ganancias en su ciudad utópica, el País de las Nubes. Movilizar a las aves para su causa es un medio para un fin; su destrucción a manos de los dioses no es más que un daño colateral. Entre temas antiguos y música romántica tardía, la ópera de Walter Braunfels se cierne como una mordaz crítica social sobre un reino entre el cielo y la tierra. El director Ersan Mondtag regresa a Wiesbaden tras el éxito de "Double Serpent" —invitado al Theatertreffen de Berlín de 2025— no solo como director, sino también como impulsor de la espectacular escenografía.  

La historia puede que no llame demasiado la atención del público de hoy, pero la partitura es un maravilloso ejemplo de orquestación postromántica muy en la línea de Richard Wagner y el sentido melódico de Braunfels consigue momentos excepcionales de lirismo.

Walter Braunfels (1882-1954) es uno de esos compositores celebrados en su época a los que la historia ha silenciado. Hubo que esperar a la década de 1990 para redescubrirlo, lo mismo que a Alexander von Zemlinsky, Erich Wolfgang Korngold, Viktor Ullmann, Hans Krása…  A pesar de sus éxitos, todos ellos desaparecieron del cartel con la llegada del III Reich, que los clasificó como “degenerados”, porque eran judíos o porque estaban fuera de los criterios estéticos nazis. Después fueron relegados a partir de 1945 por los serialistas que, inventándose otro tipo de coacciones, hacían tabla rada del orden tonal, al que juzgaban como elemento que conducía a la dictadura y al ultraconservadurismo.



Alejado de la escuela de Schoenberg, Braunfels se halla en el mismo plano que el posromanticismo. Fue un alemán al que se clasificó como degenerado después de negarse a componer el himno de la Alemania hitleriana, y además por tener un cuarto de sangre judía por parte de su padre. Y, aunque era un protestante convertido al catolicismo, se prohibió su obra ya en 1933, justo cuando era muy popular.

La música con exacerbada armonía es de una expresividad paroxística, impregnada de naturalismo panteísta. Los cuatro papeles centrales son un Ruiseñor, cantado por una soprano coloratura; Buenaesperanza, tenor heroico; Fielamigo y Prometeo, dos barítonos-bajos. Dos ciudadanos cansados de la compañía de los hombres se refugian en el reino de los pájaros. Les convencen para que construyan su ciudad ideal y se convierten en dueños del cielo al interceptar el humo de los sacrificios que los humanos elevan a los dioses como tributo. Zeus los castiga con una tempestad que destruye su ciudad, lo que los lleva a regresar entre los humanos…

Opera on 42 Radio Euskadi

 Al comienzo del acto II la atmósfera es comparable a la de la gran escena del Emperador de La mujer sin sombra de Richard Strauss. Pero es imposible que uno se haya inspirado en el otro, ya que las dos óperas se compusieron paralelamente… La tempestad bucea en El holandés errante y la penúltima escena en el final de El ocaso de los dioses, mientras que el finale está cerca de Ariadna en Naxos y el tono general anuncia la música de películas en la estética hollywoodiense de Korngold…

SOBRE EL COMPOSITOR WALTER BRAUNFELS



https://walterbraunfels.de/

Compositor alemán nacido en Fráncfort del Meno. Como a su ilustre colega Paul Hindemith, le tocó vivir un doble exilio. A uno por "artista degenerado" y al otro por judío, los nazis los prohibieron y durante la dictadura hitleriana se convirtieron en autores de músicas inescuchables. Luego, al retornar a Alemania, ambos se encontraron con que el triunfo de la vanguardia atonalista los había desterrado simbólicamente al limbo de los compositores anticuados. Braunfels volvió a enseñar, como antes de Hitler, en el conservatorio de Colonia, pero se tardó medio siglo, cuando ya había muerto, en reconsiderar a quien supo cosechar en su momento aprobaciones de especialistas y plateas con óperas como Los pájaros (según Aristófanes) y La Princesa Brambilla (según ETA Hoffmann). En 1922 hizo pública su conversión a la fe católica, aunque de nada le valió ante los prejuicios raciales del nacional-socialismo, pero ha quedado su obra Te Deum (1921), como testimonio de aquel acontecimiento. Perteneciente al orbe de la liturgia católica, la partitura tiene, sin embargo, una suerte de religiosidad dramática, existencial y angustiosa que la sitúa, en general, en el cuadro de la música sacra del siglo XX.


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