FILARMONICA NFM WROCLAW
Siete de la tarde Auditorio NFM 29 de mayo
Nacido en Viena en 2007, Leonhard Baumgartner es considerado la nueva promesa del violín. A pesar de su corta edad, este talentoso artista ya ha cosechado prestigiosos galardones, como el Premio ICMA Discovery, que obtuvo en 2023. Durante su concierto en Breslavia, el violinista austriaco interpretará el Concierto en mi menor de Felix Mendelssohn , una obra creada en un momento de gran inspiración y esperanza para el compositor. La Filarmónica de Breslavia del NFM estará dirigida por el director de orquesta francés Sébastien Rouland, director del Teatro Estatal de Saarbrücken desde 2018.
A principios de la década de 1840, Felix Mendelssohn Bartholdy vivía entre Leipzig y Berlín. En Leipzig trabajaba para el rey de Sajonia, Federico Augusto II, y en Berlín, para el rey de Prusia, Federico Guillermo IV. Este último lo contrató para trabajar en Berlín con el fin de influir en la vida musical de la ciudad. Le prometió al compositor una fortuna, pero cuando se hizo evidente que eran solo palabras vacías, el artista puso fin a la colaboración con alivio y regresó a Sajonia, donde ejerció como director de la Gewandhaus. El concertino era Ferdinand David, amigo de Mendelssohn desde hacía mucho tiempo, a quien el compositor le había prometido escribir un concierto para violín ya en 1838. Debido a la gran carga de trabajo en Berlín, Mendelssohn no pudo cumplir su promesa con la suficiente rapidez. No completó la obra hasta 1844. El famoso virtuoso Joseph Joachim calificó el concierto como «la joya del corazón». El manuscrito de la obra maestra se conserva en la Biblioteca Jaguelónica de Cracovia.
Orquesta Sinfónica de Bilbao 2021
Esta obra de Mendelssohn es uno de los conciertos más elaborados e influyentes del Romanticismo, cuyas peculiaridades son la entrada directa del violín y los cambios de movimiento en attacca. Aunque Mendelssohn no fue el primer compositor que introdujese el solista al inicio de un concierto, él se hizo a la feliz idea de dejar que el solista y la orquesta exploraran juntos la exposición, abandonando la tradicional doble exposición. La idea configuraba el plan de Mendelssohn desde el principio y tuvo como seguidores muchos artistas del siglo XIX, excepto Brahms y Dvorak.
Otra característica que le diferencia de otras obras de tal formato es los extensos pasajes donde el violín se limita a acompañar a la orquesta, algo inusual que escuchamos ya en el Concierto para flauta en Mi menor de Benda o en las sonatas para violín y piano de Mozart. La orquestación asigna dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y timbales. Sus movimientos son Allegro molto appassionato, Andante y Allegretto non troppo–Allegro molto vivace.
Los timbales entran discretamente desde el primer compás aportando un pulso rítmico continuo junto con las cuerdas, sirviendo de base directa para que flote la melodía del violín. La partitura exige un solo timbalista que maneja dos timbales afinados en las notas fundamentales del tono del concierto.: Al igual que las trompetas, se utilizan principalmente para reforzar los momentos de clímax, las transiciones de las secciones (tuttis orquestales) y los pasajes de mayor tensión dramática, sin opacar nunca el sonido del violín. Una de las grandes innovaciones de este concierto es que sus tres movimientos se tocan sin interrupción (el fagot sostiene una nota para enlazar el primer y el segundo movimiento). En estas transiciones, los timbales ayudan a apaciguar o reactivar la energía orquestal de manera orgánica.
En la segunda parte de la velada, el maestro Rouland dirigirá la Sinfonía n.º 2 en mi menor de Sergei Rachmaninoff , una obra monumental compuesta entre 1906 y 1907. Es, sin duda, la más popular y la que más se interpreta de las tres sinfonías del compositor ruso. Esto se debe a la extraordinaria belleza de sus melodías, a la colorida y suntuosa orquestación, así como a su estructura magistralmente construida y llena de contrastes. La pieza cautiva al oyente de principio a fin. Durante muchos años, los directores la interpretaron con numerosas omisiones, y no fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando las grabaciones e interpretaciones de la Sinfonía n.º 2 en mi menor comenzaron a utilizar la partitura completa, haciendo así justicia al talento de su autor.
Oslo Philharmonic 2019
La sinfonía dura aproximadamente 60 minutos y se divide en cuatro movimientos: Largo - Allegro moderato: (Comienza con una introducción sombría y misteriosa que presenta los motivos principales de toda la obra). Allegro molto: Un scherzo enérgico y rítmico que incluye una sección central fugada de gran virtuosismo. Adagio: El movimiento más famoso. Contiene una de las melodías más bellas, nostálgicas y expresivas de la historia de la música, liderada por el clarinete. Allegro vivace: Un final explosivo, festivo y triunfal que retoma temas de los movimientos anteriores y cierra con una enorme fuerza orquestal.
Destaca por sus frases musicales inusualmente largas y fluidas. Tiene una orquestación rica: Utiliza una paleta de colores orquestales densa, heredera de Chaikovski. También destaca su unidad cíclica: Los temas del primer movimiento reaparecen a lo largo de toda la sinfonía, uniendo la obra completa.
El papel de los timbales es fundamental para estructurar el peso emocional, el pulso dramático y los grandiosos clímax tardorrománticos de la obra. La obra comienza en el primer movimiento (Largo) indicando los timbales afinados en Mi (E), Re (D) y La (A). Tradicionalmente se toca con un juego estándar de 4 timbales, necesarios para cubrir las rápidas modulaciones y los constantes cambios de afinación (muta in...) que Rachmaninoff escribe a lo largo de las páginas (como pasar a Do, Si, Sol o Fa sostenido). Requiere un control absoluto de los redobles en pianissimo (que generan tensión de fondo, así como una tremenda fuerza por lo simpactos sforzando y fortissimo.
El rol de los timbales por movimientos:
I. Largo - Allegro moderato: Los timbales introducen la atmósfera oscura y misteriosa desde el inicio. Durante el Allegro, impulsan el ritmo y marcan los momentos de máxima tensión.
II. Allegro molto: En este movimiento tipo scherzo, los timbales tienen un papel sumamente rítmico y ágil. Subrayan los acentos de la marcha y dialogan directamente con los metales y el resto de la percusión (bombo, platillos y caja).
III. Adagio: Es uno de los movimientos más célebres de la historia de la música. Aquí los timbales se utilizan con extrema delicadeza. Su función es crear un colchón armónico casi imperceptible mediante redobles suaves que sostienen el bellísimo tema lírico de los violines y el clarinete.
IV. Allegro vivace: Un final explosivo y triunfal. Los timbales actúan como el motor rítmico de la orquesta, participando de lleno en la fanfarria final y en la jubilosa coda, donde coronan los potentes acordes conclusivos junto a toda la sección de vientos.
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