jueves, 28 de mayo de 2026

CONCIERTO DE CLAUSURA DE LA TEMPORADA. NFM WROCLAW.

 



AUDITORIO NFM WROCLAW

Jacek Kaspszyk – director
Filarmónica de Wrocław de la NFM

VIERNES 5 DE JUNIO. SIETE DE LA TARDE,

PROGRAMA. 

Novena Sinfonía en re menor BRUCKNER

HR-SINFONIEORCHESTER 

TONHALLE ZURICH

NOVENA SINFONIA DE BRUCKNER

La composición de  la Novena Sinfonía en re menor le llevó muchísimo tiempo, hasta nueve años. El compositor la comenzó en 1887, pero la necesidad de revisar y preparar constantemente otras obras para su impresión, sumada a su delicado estado de salud, le obligó a interrumpirla continuamente. Al darse cuenta de que la muerte se acercaba, sugirió que el Te Deum, compuesto previamente , se interpretara en lugar del final inacabado. Sin embargo, el deseo de Bruckner casi nunca se respeta, y se convirtió en costumbre interpretar la Novena en una versión a tres voces, en la que dos movimientos de tempo lento rodean el Scherzo, brutal y de una energía desbordante. Por un lado, esta música es austera y ascética, repleta de solemnes corales de metales; por otro, es sumamente personal y contiene soluciones sonoras refinadas y radicales. El propio Bruckner se mantuvo al margen de la vida musical. Un solitario excéntrico e ingenuo que vivía de la fe, lleno de complejos, modesto hasta la exageración, que permitía a los directores posteriores modificar sus obras a su antojo: esta imagen del austriaco emerge de las fuentes. Lo significativo, sin embargo, es que su obra fue recibida con entusiasmo por los compositores de la generación más joven 



A diferencia de Mahler, cuya conclusión de la Sinfonía Nº 10 ha sido disputada por un buen número de musicólogos y compositores, el estigmatizado Bruckner no contó con voluntarios para poner punto final a lo que a muchos les parecía una mole de sinfonía, con scherzo emparedado entre dos abrumadores adagios, paradigma de la densidad achacada siempre al austríaco. Sin embargo, y pese a estar inacabada, los tres movimientos completos alcanzaron rápidamente gran popularidad, especialmente el vibrante scherzo. La obra se estrenó el 11 de febrero de 1903 en Viena con el Te Deum a modo de conclusión aunque, como siempre, los editores manipularon la obra para depurarla de lo que creían ampulosidades brucknerianas, y ésta no fue editada en su versión original hasta 1932.



Los tres movimientos que completó el compositor:

I. Feierlich, misterioso (Solemne, misterioso): Comienza con un murmullo en las cuerdas que evoca la creación del universo, evolucionando hacia un clímax de proporciones colosales. En los primeros compases, el timbal ejecuta un trémolo en pianissimo sobre la nota re. Este efecto simula un caos primitivo desde el silencio absoluto,

II. Scherzo. Bewegt, lebhaft (Movido, vivo) – Trio. Schnell (Rápido): Rompe la tradición bruckneriana al presentar un carácter demoníaco, disonante y casi apocalíptico, muy alejado de sus habituales danzas rústicas. 

III. Adagio. Langsam, feierlich (Lento, solemne): Considerado el clímax emocional de su catálogo, funciona como una intensa y conmovedora despedida de la vida, citando fragmentos de sus sinfonías séptima y octava.: Actúa como el veredicto final. En el clímax terrorífico de este movimiento —frecuentemente llamado el "adiós a la vida" de Bruckner— se llega a una disonancia masiva de trece notas. Justo en la caída de este colapso sonoro, el timbal emerge con un redoble violento y fúnebre antes de dar paso al silencio y a la posterior paz del final del movimiento.



Bruckner trabajó intensamente en el Finale de la Novena durante los dos últimos años de su vida, y de forma casi obsesiva en las semanas previas a su muerte, dejando un manuscrito interrumpido. En febrero de 2012, Simon Rattle y la Filarmónica de Berlin pudieron estrenar el último movimiento de la inacabada Novena Sinfonía de Bruckner. Se produjo gracias a un largo proceso de recuperación musicológica encabezado por Nicola Samale, Giuseppe Mazzuca, John Alan Phillips y Benjamín-Gunnar Cohrs.



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