Basada en el célebre poema épico de Homero, la trama sigue el accidentado viaje de diez años que emprende el Odiseo (Ulises) para volver a su hogar en Ítaca tras la caída de Troya.
El vjaje lleno de desafíos a los dioses del Olimpo y seres mitológicos es el argumento de la trama. Todo en ella es épico, incluidos los escenarios naturales que se recogen en su metraje. Siendo un amante confeso de los efectos prácticos, el director británico no ha querido pantallas verdes ni localizaciones generadas por ordenador. Se ha rodado en el Sahara Occidental, las montañas de la zona de la zona de Marrakech, la costa de Essaouira, los glaciares y paisajes volcánicos de Islandia, la cala Rotonda de la isla Favignana, Islas Eolias, Lípari, isla de Gozo en Malta, castillo de Methoni, Pilos,...
La Odisea ha sido entendida como el gran relato del regreso. Después de participar decisivamente en la victoria griega sobre Troya emprende el camino de vuelta a Ítaca y atraviesa mares imposibles para recuperar su reino y reencontrarse con Penélope.
Christopher Nolan propone una lectura diferente del poema de Homero: una en la que el verdadero viaje de Odiseo no termina cuando pisa su patria, sino cuando comprende el precio humano de la guerra que ganó y la deuda que mantiene con quienes no pudieron regresar. En el poema homérico, el regreso de Odiseo culmina con la restauración del orden perdido. El héroe vuelve a Ítaca, derrota a los pretendientes que han ocupado su palacio, recupera su lugar como rey y vuelve a reunirse con Penélope. La intervención final de Atenea y Zeus evita que la violencia desencadene una nueva guerra civil y permite que la isla recupere la paz. El mundo vuelve a encajar.
Nolan modifica radicalmente ese cierre. Después de recuperar Ítaca, su Odiseo comprende que el tiempo de su reinado ha terminado y entrega el poder a su hijo Telémaco. El héroe no reclama el mundo que dejó atrás: acepta que pertenece a una nueva generación. La película convierte así el regreso en una despedida. Se puede estar de acuerdo o no con esta relectura. Desde mi punto de vista humaniza la mitología griega como hizo el Renacimiento.
Gran espectáculo visual y complejidad narrativa, una buena película para llenar las salas de cine. Sobresale la espectacular fotografía de Hoyte van Hoytema, que ya ganó un Oscar en 2023 por su trabajo en Oppenheimer. Tampoco desmerece la banda sonora oceánica de Ludwig Göransson.
Göransson presenta la banda sonora
Algún critico ha apostillado mucho ruido y poco Homero. Yo no llegaría a tanto porque siempre las películas tienen su propio lenguaje muy diferente al literario. Y el mundo preclásico de hace 2.800 años nos es bastante desconocido. Se pueden hacer muchas versiones visuales de la obra de Homero en el siglo XXI. El principal lastre que veo es la excesiva duración, casi tres horas. No se trata de competir con las óperas de Wagner en espectáculo total. Y el eclipse del doce de agosto se acerca, por favor. Ya tenemos bastante dosis para este verano.









No hay comentarios:
Publicar un comentario