Jacek Kaspszyk – director
Daniel Hope – violín
NFM Filarmónica de Breslavia
B. Britten Concierto para violín Op. 15
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A. Dvořák Sinfonía n.º 9 en mi menor Op. 95 "Del Nuevo Mundo"
Daniel Hope es uno de los virtuosos del violín más respetados y versátiles de nuestro tiempo. Alumno de Yehudi Menuhin, actualmente graba para Deutsche Grammophon, con especial frecuencia interpretando obras de los siglos XX y XXI. Su actuación con la Filarmónica de Breslavia (NFM) no será la excepción, presentando el Concierto para violín de Benjamin Britten . Hope ya ha realizado una excelente grabación de esta obra. Los músicos estarán dirigidos por Christoph Eschenbach. El extenso catálogo de grabaciones de este distinguido director incluye la segunda composición que se interpretará en la NFM: la reconocida Sinfonía n.º 9 "Del Nuevo Mundo" de Antonín Dvořák, que el maestro ha grabado en dos ocasiones.
hr-Sinfonie Orhester 2023
El Concierto para violín de Benjamin Britten fue escrito entre 1938 y 1939, lo que lo convierte en una de las obras de juventud del compositor. Aunque se estrenó en 1940 en la Filarmónica de Nueva York por el violinista español Antonio Brosa, bajo la dirección de John Barbirolli, el compositor no quedó del todo satisfecho con su obra y la retomó tres veces, introduciendo en cada ocasión nuevas correcciones y revisiones. Este concierto está diseñado para un gran conjunto e incluye una extensa sección de percusión. Su forma es también inusual en lugar de una exhibición dinámica e impresionante, termina con una pasacalle seria y oscura, una estilización de una danza barroca.
La Sinfonía n.° 9 de Antonín Dvořák, «Del Nuevo Mundo», debe su subtítulo al lugar de su composición. El compositor checo la escribió durante una estancia en Estados Unidos entre 1892 y 1895. Posteriormente, le ofrecieron el puesto de director del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, y el compositor aceptó.
Este período resultó ser muy inspirador, y Dvořák incorporó con entusiasmo elementos de la música indígena americana y de los espirituales negros en las obras que compuso allí. La más famosa de ellas es la Sinfonía n.° 9. Se estrenó en el Carnegie Hall en 1893, y el compositor admitió que el segundo y el tercer movimiento se inspiraron en el poema de Henry Wadsworth Longfellow « La canción de Hajawata ». La obra de Dvořák fue un gran éxito, y su papel en la cultura se ve reforzado por el hecho de que los astronautas de la misión Apolo 11, durante la cual tuvo lugar el alunizaje, llevaron una grabación. La obra hereda de Brahms la estructura. Es contemporánea de Chaikovski en el lirismo y color orquestal. Anticipa, además, el interés del siglo XX por el folclore y lo vernáculo (Bartók, Copland). Desde el punto de vista histórico, es una obra bisagra entre dos continentes y entre dos épocas: el Romanticismo europeo tardío y el nacimiento de una identidad musical americana.
Foto de Carnegie Hall 1891
La Estructura sigue el modelo romántico tradicional de cuatro movimientos:
Adagio – Allegro molto: Dinámico y con gran energía. Comienza con una introducción lenta de tres frases. La primera, dulce y delicada, se ve interrumpida con brusquedad por la segunda. La tercera vuelve al clima suave. Le sigue un motivo a cargo del clarinete y el fagot sobre pedal de cuerda grave, estableciendo un clima expectante y una ambigüedad modal que prepara el Allegro. Las trompas presentan el tema, seguidas por la madera y la cuerda. Es un fragmento rítmico e impetuoso, que contiene saltos de intervalos amplios y síncopas que recuerdan la energía de las danzas folclóricas. El segundo tema, en Sol mayor, es lírico y cantabile y se caracteriza por el uso de la escala pentatónica. Lo enuncia la madera (particularmente flautas y oboes). Aquí se nota la influencia de los espirituales afroamericanos, aunque la melodía es original de Dvorák. A continuación, los temas son reexpuestos en varias tonalidades y la orquestación se vuelve más vigorosa hasta la impulsiva y expansiva coda, que cierra con fuerza, reafirmando la tonalidad principal.
Largo: Está en la tonalidad de Re bemol mayor y tiene forma de lied (A-B-A’-Coda). Tras una frase solemne, aparece el célebre tema principal interpretado por el corno inglés, acompañado por acordes arpegiados de cuerda y pizzicatos graves. Es posible que el autor se inspirara en la lectura de una obra de Longfellow en la que se describía la majestuosidad de los bosques de Hiawatha. La melodía utiliza una escala pentatónica, con amplios intervalos que evocan un canto espiritual. La segunda sección, en tono menor, tiene el carácter de una marcha fúnebre. Tras un breve clímax en el que suena el motivo principal del primer movimiento, se regresa al tema inicial, ahora con cambios tímbricos y más ornamentado, generando un sentimiento de recuerdo. El movimiento termina con una lenta disolución, creando una atmósfera suspendida y etérea.
Scherzo: Molto vivace: Inspirado en escenas de danzas indígenas (según el propio compositor) y ritmos folclóricos checos. En Mi menor, comienza con una melodía fuertemente rítmica, marcada por golpes del timbal. Los ritmos sincopados y los patrones repetitivos se inspiraban, según el propio Dvorák, en danzas indígenas norteamericanas que había escuchado de segunda mano. También se podrían relacionar con la vivacidad de las danzas eslavas de su tierra natal. Por contraste, el Trío presenta una melodía amplia y pastoral en las maderas, con acompañamiento suave de cuerdas. Tras la repetición del Scherzo aparece una extensa coda en la que aparece de nuevo el motivo principal del primer movimiento.
Allegro con fuoco: Un final épico que retoma temas de los movimientos. El cuarto movimiento, en la tonalidad principal, adopta, como el primero, la forma sonata. Tras una breve introducción de la cuerda, las trompas y trompetas enuncian el primer tema, enérgico, de carácter casi marcial. Luego lo comenta con amplitud toda la orquesta. El segundo tema, más lirico, corre a cargo del clarinete. El desarrollo se caracteriza por una gran densidad orquestal, el uso de secuencias ascendentes y la fragmentación temática. Reaparecen motivos de movimientos anteriores, creando una integración cíclica de la sinfonía. La amplia coda acumula energía y brillantez orquestal, cerrando la sinfonía con fuerza apoteósica.
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