domingo, 6 de septiembre de 2026

CONCIERTO NFM INAUGURACIÓN TEMPORADA



AUDITORIO NFM WROCLAW. 9 Octubre Siete de la tarde

Jacek Kaspszyk – director
Steven Isserlis – violonchelo
NFM Wrocław Philharmonic

 

Jacek Kaspszyk, director de orquesta con una larga trayectoria de colaboración con las orquestas más importantes de Polonia y aclamado internacionalmente como un perspicaz intérprete de la música del Romanticismo tardío,
 Steven Isserlis, solista, toca el violonchelo «Marquis de Corberon», un instrumento del taller de Stradivari que data de 1726. Actúa regularmente con las orquestas más importantes del mundo y sus grabaciones han recibido numerosos premios. 


Programa:

E. Elgar Concierto para violonchelo en mi menor op. 85



Orquesta RTVE 1991

Se estrenó el 27 de octubre de 1919 en el Queen's Hall de Londres, interpretado por el violonchelista Felix Salmond y la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección del propio Elgar. La primera presentación fue un fracaso debido a la falta de tiempo para ensayos. 

Edward Elgar era un tradicionalista poco interesado en explorar nuevos caminos, y su lenguaje musical se mantuvo firmemente arraigado en la estética romántica. El Concierto para violonchelo en mi menor es una de las composiciones de madurez del artista. Compuesto en 1919, a menudo se considera una obra que sintetiza toda una época que se desvanecía en el pasado tras los dramáticos acontecimientos de la Primera Guerra Mundial.  Predomina una atmósfera de contemplación y tranquilidad. 

Fue escrito en un momento en que la fama de Elgar estaba en declive, la obra permaneció infravalorada durante muchos años. La obra recuperó su popularidad mundial gracias a la icónica grabación realizada en 1965 por la violonchelista británica  Jacqueline du Pré, junto al director Sir John Barbirolli. Despertó un enorme interés por la obra que perdura hasta hoy.

 El concierto tiene una duración aproximada de 30 minutos y se divide en cuatro movimientos: 

I. Adagio – Moderato: Inicia con un famoso y desgarrador acorde solista en el violonchelo, seguido por un tema pastoral de carácter nostálgico. 

II. Lento – Allegro molto: Funciona como el Scherzo del concierto, exigiendo gran agilidad técnica y un virtuosismo rápido de carácter ágil.

III. Adagio: Un movimiento lírico breve, tierno y de profunda intimidad emocional. 

V. Allegro – Moderato – Allegro ma non troppo – Poco più lento – Adagio: El movimiento final recupera elementos de los movimientos previos y concluye con una intensidad dramática conmovedora




G. Mahler Sinfonía n.º 7 en mi menor

Filarmónica de París 2012

Cinco movimientos construida alrededor de un núcleo nocturno:
1-Langsam - Allegro risoluto ma non troppo: Un inicio sombrío marcado por el ritmo de una marcha fúnebre y el característico sonido de un cuerno tenor.
2-Nachtmusik I (Música nocturna): Allegro moderato: Una evocación de paseos nocturnos inspirada, según el propio compositor, en el cuadro La ronda de noche de Rembrandt.
3-Scherzo: Schattenhaft (Sombrío): Un movimiento fantasmal e inquietante repleto de efectos orquestales inusuales y distorsiones musicales.
4-Nachtmusik II (Música nocturna): Andante amoroso: Un ambiente mucho más íntimo y romántico que introduce la guitarra y la mandolina, instrumentos sumamente atípicos en las grandes plantillas Mahlerianas.
5-Rondo-Finale: Allegro ordinario: Un estallido de luz diurna, triunfal y deliberadamente caótico que rompe de forma abrupta con el misterio de las secciones anteriores. El momento cumbre ocurre cuando al inicio de este movimiento  arranca de manera enérgica y sorpresiva con un virtuoso y espectacular solo de timbales. Tras la atmósfera nocturna y misteriosa de los movimientos anteriores, este floreo de percusión funciona como un despertar abrupto hacia la luz del día.
Timpanista Leonordo Soto  (dirige Andrés Orozco Estrada)


Es una obra radical en su lenguaje musical, repleta de elaborados y, a veces, deliberadamente exagerados efectos de color. Su subtítulo no oficial es «La canción de la noche». Aunque Mahler nunca aceptó el nombre. El compositor dejó numerosas indicaciones para su interpretación. El ritmo persistente del primer movimiento pretende evocar el ritmo de los remos; el segundo se inspiró en La ronda de noche de Rembrandt; el tercero debía interpretarse de forma «sombría»; el cuarto tiene el carácter de una tierna serenata con extensas partes de guitarra y mandolina; y el compositor resumió el pomposo final con la frase: «¡El mundo es mío!». 

Durante mucho tiempo, la Sinfonía n.º 7 permaneció al margen del repertorio de los directores de orquesta. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando comenzó a representarse con mayor frecuencia, y el público ha llegado a apreciar la originalidad y la extraordinaria riqueza de esta obra.




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